LA REGIÓN HUASTECA




El Monumento 51 de Castillo de Teayo en una fotografía tomada por el arqueólogo José García
Payón en Tzapotitlán, Veracruz, en 1944. R
eprografía: Marco Antonio Pacheco / Raíce
HISTORIA
Si bien por décadas el mayor atractivo de la cultura huasteca han sido sus extraordinarias esculturas, como la conocida como la Apoteosis y la del Adolescente Huasteco, sólo en tiempos recientes se han intensificado las investigaciones científicas que permiten conocer mejor su historia y sus características sociopolíticas, lo cual se complementa con la cerámica y la arquitectura, de los que ya se tenían noticias.
Los huastecos se establecieron en el norte de la Costa del Golfo hacia 1500 a.C. y su lengua está emparentada con la gran familia mayense, que ocupa la península de Yucatán y otras regiones del sureste mesoamericano. Se ha planteado que su separación territorial es producto de intromisiones de grupos nahuas y totonacas que se asentaron posteriormente en el centro de Veracruz.
El vasto territorio huasteco abarca al sur desde el río Cazones, en Veracruz, hasta el río Soto la Marina, en Tamaulipas, por el norte; la costa del Golfo es su límite al este y por el poniente zonas de San Luis Potosí, Querétaro e Hidalgo. El territorio posee una gran variedad ecológica: costas, planicies, llanuras y estribaciones montañosas. Sin duda, los huastecos prefirieron los climas cálidos, a veces extremos, ya que sus asentamientos nunca rebasaron los 1 000 msnm.
La base económica fundamental de los huastecos fue la agricultura, principalmente el cultivo de maíz. Entre los pueblos mesoamericanos, los huastecos se distinguen por la práctica de la deformación craneana tabular, por diversos tipos de mutilación dental, por la perforación del septum y los lóbulos para utilizar ornamentos de concha y hueso, principalmente, y por la pintura corporal y la escarificación. Otro de sus elementos distintivos era la desnudez total o parcial.
Aunque los nahuas enfatizaron la tendencia huasteca hacia la desnudez, las narraciones del siglo XVI los muestran como un pueblo que gustaba de ataviarse ricamente, con elegante joyería. Los mexicas consideraban a los huastecos como parientes lejanos y los desdeñaban por su costumbre de andar desnudos, aunque en algunas celebraciones incorporaban influencias huastecas.
Aunque los huastecos nunca consolidaron una unidad política mayor, se encontraban organizados en ciudades-Estado, y su lengua y tradiciones culturales les dieron una gran cohesión, que sobrevivió no sólo a las intromisiones nahuas y españolas, pues incluso hoy en día puede reconocerse como una de las culturas indígenas tradicionales de México.
CRONOLOGÍA DE LA CULTURA HUASTECA
PRECLÁSICO (1500 a.C.-200 d.C.)
Los estudios arqueológicos han ubicado la ocupación huasteca en la región hacia 1500 a.C., en las fases Ponce y Pavón principalmente; los vestigios más evidentes incluyen sencillas habitaciones de lodo y bajareque, así como cerámica y figurillas antropomorfas, tradición que hacia 200 a.C. adquiere un estilo propiamente huasteco.
A finales del preclásico (200 d.C.) comienza la tradición arquitectónica monumental en Tancahuitz, Tamtok y Temposoque, en San Luis Potosí, y en El Ébano, Mata del Muerto y otros sitios de Tamaulipas, donde se han descubierto grandes plataformas en las que se levantaron edificios de planta circular con cuerpos superpuestos de muros inclinados.
CLÁSICO (200-900 d.C.)
Hacia este periodo se expande la tradición arquitectónica huasteca por una amplia región y se descubren numerosos sitios en los que predominan los montículos de planta circular o bien de forma rectangular con esquinas redondeadas. Los basamentos fueron recubiertos de piedra con estuco y en ocasiones fueron policromados, como ocurre en Huaxcamá, San Luis Potosí. La disposición de los edificios alrededor de amplias plazas indica que se trata de centros ceremoniales. En la cima o al pie de las construcciones se han descubierto esculturas talladas en piedra arenisca, generalmente figuras humanas, de hombres y mujeres, que se han identificado como representaciones de las deidades principales.
POSCLÁSICO (900-1521 d.C.)
Para la época final, el periodo Posclásico, se reconoce la penetración de elementos del Centro de México. Algunos autores reconocen que éste es el origen del esquema formal de los personajes presentes en la pintura mural del altar de Tamuín o Tamohi en San Luis Potosí.
En su última fase, la cultura huasteca se distingue por el estilo de su cerámica, en el que se combinan diseños en negro o café oscuro sobre pasta blanquecina. La arqueología y la etnohistoria muestran que los huastecos tuvieron presencia en Teotihuacan y en Tula, pero para la época mexica los señoríos huastecos fueron atacados constantemente por los ejércitos de México-Tenochtitlan. La región fue dominada por largos periodos durante los cuales hubo constantes levantamientos, por lo cual los mexicas establecieron numerosos bastiones para controlarlos. En el Posclásico se entremezclaron las formas artísticas de los mexicas y los huastecos. Un ejemplo de este sincretismo artístico y cultural se aprecia en el poblado de Castillo de Teayo, al norte de Veracruz, el cual destaca por conservar su templo original.
ÉPOCA COLONIAL
A la llegada de los españoles, el principal centro de poder huasteco se encontraba en el curso inferior del río Pánuco, en extensos valles y planicies hacia el norte, donde los huastecos tenían contacto con grupos septentrionales que practicaban una agricultura poco compleja.
Una vez consumada la conquista, la importancia y la riqueza del territorio fueron de inmediato reconocidas por Cortés, quien se atribuyó en encomienda el pueblo de Tamuín, para entonces mayoritariamente poblado por hablantes de náhuatl o quizá huastecos “nahuatlizados”. No tardaron mucho los europeos en mudarse hacia tierras más meridionales, ya que las fuertes invasiones de chichimecas nómadas así lo exigieron. En consecuencia, las inmediaciones de Tamuín y Tamtok se convirtieron en zona fronteriza y fue por ello que conservaron sus marcados elementos indígenas hasta finales del siglo XIX.
La conquista provocó el despoblamiento del bajo Pánuco, debido principalmente a que Nuño de Guzmán capturó de manera violenta a los indígenas para llevarlos a trabajar como esclavos en las minas. Otros elementos que contribuyeron a la disminución de la población nativa fueron los excesos de los colonos de Santisteban del Puerto –en el actual Pánuco–, las epidemias introducidas por los europeos, así como la devastación que provocó el ganado traído de Europa.
SIGLO XX
Desde el siglo XIX, los intereses de los hacendados y mestizos –principalmente ganaderos– en la región provocaron la reducción de la población indígena a un área mínima de la antigua región Huasteca, constituida por una delgada línea transversal que se extiende desde el noroeste de Querétaro hasta los pozos petroleros de Naranjos y Cerro Azul, cerca de Tamiahua, en Tamaulipas.
Esta reducción del territorio huasteco indígena a su mínima expresión hacia principios del siglo XX, junto con los sistemas económicos contemporáneos, ha provocado transformaciones sustanciales en la población, debido a la declinación en el uso de las técnicas tradicionales y al abandono de creencias y costumbres antiguas. En la actualidad, los indígenas no conservan casi nada de sus tradiciones originales y sólo sobreviven algunas fiestas en las que se utilizan instrumentos tradicionales, tanto de origen prehispánico como europeo. En cuanto a las danzas huastecas, renombradas desde la época prehispánica, las que subsisten hoy en día conservan en ocasiones elementos indígenas muy interesantes.
RECORRIDO
TAMOHÍ, SAN LUIS POTOSÍ
Aunque por mucho tiempo se le llamó Tamuín o El Consuelo, en la actualidad se considera que el nombre más correcto del sitio –con ocupación principalmente entre 1100-1300 d.C.– es Tamohi, que en lengua huasteca significa “lugar donde hace remolino el agua”. El sitio se localiza aproximadamente a 6 km de la cabecera municipal de Tamuín, dentro del rancho El Consuelo, de ahí la confusión de los primeros exploradores en cuanto al nombre del lugar. Sabemos que originalmente la ciudad indígena comprendió alrededor de 1 609 ha, que incluían un centro ceremonial, una amplia zona habitacional y un espacio dedicado al cultivo.
La única área abierta al público es el centro ceremonial situado sobre una enorme plataforma semirrectangular de 126 m de largo por 80 de ancho, a la que se llega por dos escalinatas con alfardas que miran al este, la mayor de las cuales tiene 12 m de largo. Al llegar a esta elevación el público está en la plaza, en cuya parte central se encuentra el vistoso altar de forma peculiar que se cree fue dedicado al culto de Quetzalcóatl. Se trata de una plataforma cuadrangular, con una planta de 6 m por lado y 1.5 m de altura, integrada por un talud inclinado que en sus lados norte, sur y oeste posee muros escalonados y almenados de 75 cm de altura, y con una escalinata de seis escalones. De este elemento surge una angosta banqueta que remata en un altar de forma cónica truncada, y a continuación se halla otra banqueta que culmina en otro altar de mayor altura y de muy peculiar forma, con dos conos invertidos, que recuerda a los braseros y a otros elementos del Centro de México en la época mexica.
Durante sus exploraciones, Wilfrido Du Solier realizó un gran descubrimiento que modificó la visión que hasta entonces se tenía del arte huasteco: la extraordinaria pintura mural que cubría la parte exterior de ambas banquetas y el altar cónico truncado. Los artistas indígenas representaron una sagrada procesión de sacerdotes y deidades, junto a bandas de grecas escalonadas realizadas con magistrales pinceladas rojas sobre el fondo blanco característico del estucado. Además del estudio de Du Solier sobre los murales del altar, hay una publicación de Diana Zaragoza que incluye los demás segmentos pictóricos, con lo cual podemos acercarnos a una especie de libro ritual pintado sobre el muro, semejante en forma y estilo a algunos códices indígenas de otras regiones mesoamericanas. Esto ha permitido a los estudiosos profundizar un poco más en la compleja religión de los huastecos y llegar a la conclusión de que la deidad de mayor presencia en la zona era Quetzalcóatl; asimismo, se ha planteado la posibilidad de vincular este elemento arquitectónico ritual con celebraciones de fin de ciclo y ceremonias de carácter arqueoastronómico. A pesar de los embates del tiempo y la naturaleza es posible contemplar algunas secciones del mural.
A ambos lados del basamento central se encuentran dos pequeños altares secundarios de aproximadamente 4 m por lado y 60 cm de altura; el que se encuentra del lado norte mira hacia el este, mientras que el del lado sur mira al oeste. Debido a estas orientaciones se ha propuesto que pueden estar relacionados con la vida y la muerte, ya que apuntan hacia el amanecer y el ocaso del Sol respectivamente.
La plaza está delimitada por tres estructuras de formato mayor, situadas hacia el norte, el oeste y el sur, orientadas todas hacia el centro de la plaza. La del sur, de forma rectangular, mide 25 por 12 m y cuenta con dos accesos con dirección norte-sur. El basamento principal, de mayor altura y con dos cuerpos superpuestos, se ubica al oeste. Mide 35 por 18 m y tiene 4 m de altura; posee una amplia escalinata con alfardas, de 7 metros de ancho y 13 peldaños. Los muros de la construcción muestran el cuerpo inclinado y una especie de tablero. Los visitantes sólo pueden apreciar la fachada que mira al este, ya que la mayor parte del edificio está muy destruido. Complementa el recorrido el Edificio Norte, de menores dimensiones, frente al cual se descubrió una especie de oquedad o recipiente de planta circular, con un diámetro máximo de 8 m y 49 cm de profundidad.
Se llega a Tamohi por la autopista de cuota núm. 57, saliendo por el norte de la ciudad de México, hacia Querétaro (211 km), y de aquí se va directo a San Luis Potosí (218 km). En esta ciudad se toma rumbo al este por la carretera núm. 70. Después de 269 km se llega a Ciudad Valles y luego de 30 km, por la misma carretera, se llega al poblado de Tamuín. Tamohi se halla a 7 km, por la carretera estatal 170, rumbo a Tancuayalab.
TAMTOK, SAN LUIS POTOSÍ
El sitio de Tamtok se encuentra en un meandro del río Moctezuma, al noreste de San Luis Potosí, cerca de los límites con Tamaulipas y Veracruz, y su nombre significa “lugar negro” o “lugar de agua negra y profunda”. Se trata, sin duda, del sitio huasteco más importante, por la cantidad de edificios que lo conforman. De acuerdo con los estudios arqueológicos más recientes, estuvo habitado desde el Preclásico (500 a.C.) hasta el Posclásico Temprano (1300 d.C.).
Destaca su planeación urbanística, que tiene como ejes los cerros del Cubilete y del Tizate, al este y al oeste respectivamente, separados por casi un kilómetro, con una altura de alrededor de 70 m y una base elíptica que va de los 360 a los 450 m. Éstos fueron aprovechados por los huastecos, quienes mediante terrazas modificaron su pendiente y les dieron la apariencia de pirámides monumentales en forma de conos truncados; en la cima del Cubilete se conservó un basamento de piedra con piso de estuco.
En las 200 ha que abarca el sitio, se han detectado más de 60 montículos agrupados en seis grupos, identificados con letras del alfabeto, los cuales rodean otras elevaciones naturales que delimitan un gran patio hundido de carácter monumental, el cual probablemente sirvió como espacio ritual.
Entre las construcciones de interés para los visitantes está el Grupo A, conocido también como Plaza Ceremonial, que constituye un conjunto arquitectónico típicamente huasteco en el que se combinan, de acuerdo con el arqueólogo Guy Stresser-Péan, plataformas de uso residencial con estructuras de carácter jerárquico y ritual.
En el Grupo G se localizó un enorme juego de pelota, que se distingue por los basamentos paralelos de planta alargada que delimitan el espacio tradicional para la celebración del juego.
El Gran Patio Hundido es una depresión plana que cubre alrededor de tres hectáreas y que se encuentra entre el cerro Tantoque y la Plataforma Oriental. Está abierto hacia el noreste, donde se ve una plataforma circular llamada Montículo del Cuiche, y en la parte sur el espacio se cierra por una elevación de alrededor de cico metros de altura. A pesar de que en su origen fue una depresión natural, es probable que los habitantes de Tamtok la acondicionaran para crear uno de los espacios rituales de mayor envergadura en Mesoamérica: 300 m de largo por 110 de ancho. En temporada de lluvias se inunda, evento que desde la época prehispánica debió causar una solemne impresión en la antigua población, como ocurre hoy cuando se crea una especie de lago artificial.
Además de sus grandes dimensiones y de las dos elevaciones transformadas en basamentos ceremoniales, destaca en el sitio la Plaza Oriente, llamada por los arqueólogos Grupo A, situada entre el Gran Corredor y la loma del Cubilete. Durante los trabajos de excavación de Guy Stresser-Péan se detectaron 23 edificios distribuidos hacia los cuatro puntos cardinales y el centro. El carácter de la arquitectura huasteca se manifiesta en la preferencia de los constructores por la forma de la planta de las estructuras, ya sea circulares o una combinación de fachadas cuadrangulares y la parte posterior redondeada.
Hacia el lado poniente, alineadas frente a la Loma de las Piedras Paradas, se ven siete plataformas. Se cree que las de mayor tamaño eran destinadas a uso residencial y que las dos de tamaño menor eran de carácter ritual. En el costado sur de la plaza se encuentran cinco estructuras: tres circulares o con la parte posterior redondeada, que funcionaban como residencias, una de planta cuadrangular y una cancha de juego de pelota, donde se localizó la Estela 5; estas dos últimas son de carácter ritual.
Por el oriente, los visitantes encuentran cuatro plataformas típicas de estilo huasteco, de tipo residencial, mientras que hacia el norte, cerrando la plaza, hay otras dos plataformas: una, sin duda la de mayor tamaño en el conjunto, es de planta cuadrangular y funcionó como gran pirámide, y otra pequeña, de planta circular.
En la sección central de este espacio ritual hay cinco edificios de carácter ceremonial: cuatro de planta cuadrangular y la de mayor tamaño es circular, una típica pirámide huasteca; dos de estos edificios centrales tienen escalinatas orientadas hacia el norte o el sur, lo cual se relacionaba sin duda con los rituales que marcaban el paso del Sol; las estelas 7 y 8 también están relacionadas con estos edificios centrales. Es curiosa la ubicación de la Estela 6, que se encontró al sur de la Loma de las Piedras Paradas.
Tamtok se localiza 15 km al oeste del sitio de Tamohi, por una brecha.
LAS FLORES, TAMAULIPAS
Durante el auge petrolero ocurrido en Tamaulipas en el primer cuarto del siglo XX, numerosos ranchos fueron fraccionados con el fin de construir las residencias de los empresarios y trabajadores que esta industria requería. En tiempos prehispánicos, por la cercanía de los ríos Pánuco y Tamesí, así como por la presencia de varias lagunas, los huastecos construyeron numerosos asentamientos, los que con la modernidad fueron destruidos casi en su totalidad, aunque sobrevivió sólo un montículo en lo que fuera la colonia llamada Las Flores, de ahí el nombre de esta pirámide, muestra de la antigua arquitectura local.
Se trata de un basamento circular en forma de cono truncado, de aproximadamente 6 m de altura por 36 de base. El basamento tuvo originalmente en su cima un templo de planta circular con techo cónico, hecho de madera y palma, con la peculiaridad de que carecía de muros, por lo que tal vez el techo se sostenía sobre puntales que permitían la vista del interior. En la década de los cuarenta del siglo XX se descubrió la escultura de una diosa asociada con la fertilidad, con los brazos sobre el vientre, los senos desnudos y un gran tocado de abanico, típico de los huastecos. Actualmente, la escultura puede visitarse en el Museo Regional Potosino.
Hoy en día, la solitaria Pirámide de las Flores es el único vestigio en la zona del periodo Posclásico de la cultura Huasteca y desafortunadamente se encuentra enclaustrada entre las viviendas de la colonia Las Flores. Para visitarla hay que dirigirse a esta colonia en la ciudad de Tampico, al número 36 de la avenida Chairel; se puede llegar desde el centro de la ciudad por la avenida Hidalgo, tres cuadras después del cruce con la avenida Ejército Mexicano.
CASTILLO DE TEAYO, VERACRUZ
Al norte de Poza Rica, por la carretera que conduce a Tuxpan, en Veracruz, poco después de pasar la población de Tihuatlán, se encuentra la población de Castillo de Teayo, cuyo nombre indígena proviene del huasteco que significa “en la tortuga de piedra”. De la época prehispánica sólo se conserva el basamento piramidal que se encuentra en la plaza central del pueblo.
En el siglo XIX, cuando ocurrió la colonización del área, se consideró que el basamento era una especie de castillo y se construyeron modernas viviendas en su entorno. Desafortunadamente, durante este proceso de recolonización se destruyeron las estructuras prehispánicas del centro ceremonial, cuya construcción corresponde a la ocupación mexica de la región, originalmente poblada por huastecos.
De ahí que si bien la arquitectura está basada en modelos del Centro de México, con cuerpos inclinados de gran verticalidad y alfardas que rematan en dado arquitectónico, las numerosas esculturas de los alrededores son testimonio del trabajo de los artistas locales que combinaron su estilo con los dictados provenientes de México-Tenochtitlan. El visitante puede admirar extraordinarios ejemplares escultóricos en el magnífico museo de sitio que se encuentra a un costado de la plaza, detrás de la pirámide.